Adiós a un militante de la libertad

Esta nota se publicó hoy en el Portal Marcha.

Por Evelin Heidel*. Aaron Swartz, programador, militante político, escritor, decidió suicidarse el 11 de enero de 2013 en Brooklyn, Estados Unidos. Tenía 26 años y desde hacía dos enfrentaba un juicio por 35 años de prisión por infracciones al copyright y delitos informáticos.

Aquí, un breve repaso de la vida de Aaron Swartz, que esperamos sirva como inspiración y motor de reformas políticas profundas.

Crecer en libertad y cooperación

A los 14 años, Aaron empezó a hacer sus primeros pinitos en el mundo de la programación, colaborando con el sistema RSS 1.0 (Really Simple Sindication), un formato XML que permite compartir contenido en la web sin necesidad de utilizar un navegador. Más tarde, comenzó a interesarse por el formato RDF (Resource Description Framework), un modelo de datos para los metadatos, que permite la descripción conceptual o el modelado de información de recursos web, lo que permite acelerar los procesos de recuperación de información legible por máquinas. Además, colaboró en el desarrollo del formato Markdown para marcado de HTML. Algunos de los proyectos de programación en los que participó pueden leerse en su artículo “How to get a job like mine”, profuso en anécdotas que demuestran la personalidad inquieta y curiosa de Aaron.

Más allá de las aplicaciones prácticas de los desarrollos en los que participó Aaron, lo más importante es que son desarrollos abiertos, lo que quiere decir que sus especificaciones están en dominio público o bien tienen licencias no restrictivas, por lo que pueden ser utilizados por cualquiera y cualquiera puede participar en su desarrollo. El concepto de “estándar abierto” ha sido crucial para el crecimiento y desarrollo de Internet tal como la conocemos.

Aaron entró desde muy joven en ambientes abiertos de participación, colaboración, cooperación y libertad, lo que influyó en su formación y en la defensa implacable de estos principios, que practicó hasta su muerte.

¿Quién escribe la Wikipedia?

En 2005, Aaron Swartz co-fundó el sitio de noticias Reddit, uno de los sitios de noticias más populares de los Estados Unidos (un sitio similar a meneame.net), que luego fue vendido a Wired. Al igual que con todo lo que hacía, el framework de Reddit fue liberado y puesto a disposición del público para cualquiera que quisiera replicar un sitio como ese.

Sin embargo, Aaron no se encontraba cómodo con el trabajo en Wired, y fue despedido. A partir de allí se encontró con mucho tiempo libre, y luego de escuchar una conferencia de Jimbo Wales, el fundador de Wikipedia, se dedicó a escribir un artículo sobre la dinámica de participación de la Wikipedia: “¿Quién escribe la Wikipedia?”. Allí, Aaron toma un artículo de muestra para demostrar que la mayoría de la información relevante es aportada por colaboradores anónimos que hacen colaboraciones esporádicas, mientras que los colaboradores más activos y sostenidos en el tiempo se dedican a arreglar mayormente cuestiones de formato y ortografía. La conclusión del artículo es que el trabajo de los programadores y de la propia fundación Wikimedia debería orientarse a la “mayoría silenciosa” que escribe la Wikipedia.

Parte de su preocupación por el desarrollo de las aplicaciones orientadas hacia los usuarios partía de su militancia a favor de los derechos de las mujeres y de los negros. Aaron encontraba que la discriminación sistemática de estos grupos generaba problemas de sesgo en la Internet, y creía que la forma de resolverlo era mediante el desarrollo de código que favoreciera la participación de dichos grupos.

El caso PACER/RECAP

En 2009, el FBI lo puso bajo la mira por el escándalo el escándalo “PACER/RECAP”. PACER (Public Access to Court Electronic Records) es una base de datos de las Cortes Federales de Estados Unidos, que contiene todos los fallos producidos en dichas cortes. Esa información, en virtud de las leyes de Estados Unidos, es de dominio público, lo que no quiere decir que necesariamente el acceso a dicha información sea gratuita. En efecto, PACER cobra alrededor de 0,10 centavos de dólar para acceder a cada página de un fallo. Una vez que se paga el precio, el documento puede distribuirse libremente.

En 2008, el activista Carl Malamud se propuso a hacer un reciclado de PACER, solicitando que cada persona que había descargado un documento, le enviara a su vez una copia para colocarlo en sus servidores. El problema era, como siempre, el volumen. La base de datos PACER contiene más de 10 millones de fallos y cada persona estaba limitada económicamente para bajar muchos documentos, por lo que el esfuerzo parecía titánico y difícil de concretar.

La Corte Suprema le había dado a 17 bibliotecas públicas acceso temporal limitado, como parte de un período de prueba. En ese momento, Aaron diseñó un script que le permitía bajar la información de manera masiva desde estas bibliotecas, con lo que consiguió descargar más de 2 millones de documentos (aproximadamente, el 20% de la base de datos PACER), y colocarlo en un nuevo archivo, llamado RECAP. La Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, al enterarse, canceló inmediatamente el período de prueba de las bibliotecas y Swartz quedó bajo la mira del FBI. Un script es un conjunto de órdenes o instrucciones que se ejecutan de manera automática al llamarlo con una función, por lo que la descarga masiva de documentos a través de una herramienta como esta no constituye delito informático alguno, y en aquella oportunidad no se levantaron cargos en su contra. La acción de Aaron era, fundamentalmente, un llamado de atención a las cortes federales por implementar una barrera económica para el acceso a documentos que son de dominio público.

Open Library y DemandProgress

Entre otros proyectos, Aaron colaboró con el desarrollo de Open Library, un proyecto de Internet Archive para disponibilizar todos los libros que han sido digitalizados por dicha institución. El portal de Open Library, desarrollado en lenguaje Python, es un gran promesa para el acceso a documentos digitalizados. Además, fundó Demand Progress, una plataforma dedicada a apoyar causas de interés público. Esta plataforma fue fundamental, junto con el sitio Avaaz, en la campaña contra las leyes SOPA y PIPA que se desarrollaron en Estados Unidos durante enero de 2011.

Como parte de sus actividades, Aaron colaboraba también activamente en el Harvard University Center for Ethics, un centro de estudios dedicado a combatir la corrupción e investigar métodos para el mejoramiento de la democracia política.

El caso JSTOR

En 2011, Aaron colocó una computadora en un armario en el MIT (Massachusets Institute of Technology), y utilizó la red del MIT para descargar masivamente artículos del portal de publicaciones científicas JSTOR. Al igual que en el caso de PACER, Aaron no hackeó el sitio ni quebró ningún dispositivo tecnológico; simplemente, desarrolló un script que le permitía la descarga masiva de documentos, de la misma manera que si uno hiciera click en el link del artículo y lo descargara con “Guardar como”. Y, al igual que en el caso PACER, la acción de Aaron estaba nuevamente orientada a llamar la atención sobre los paywalls implementados por JSTOR para el acceso a la información científica.

Supuestamente, Aaron tenía la intención de liberar esos archivos en las redes, cosa que no hizo. Sin embargo, la fiscal Carmen Ortiz, nombrada por la administración Obama, terminó pidiendo 35 años de prisión por descargar demasiados ”papers”. Su argumento fue que “robar es robar, ya sea usando un comando de computadora o una barreta, y sea para llevarse documentos, dólares o datos”. En un artículo publicado por el perito de parte de Aaron, pueden leerse algunos de los argumentos principales que estaba preparando para que el caso se desestimara en favor de Aaron, dado que nada de lo que había hecho constituía delito alguno.

Reflexiones sobre la muerte de Aaron

Al igual que Alan Turing, Aaron fue un joven brillante víctima de una persecución judicial desmedida por una acción que no constituye delito alguno. Si bien se ha dicho en numerosos artículos que Aaron tenía un carácter depresivo y había pensado alguna vez en el suicidio (como él mismo lo comentaba en su blog), es probable que la perspectiva de pasar 35 años en la cárcel no ayudara en lo absoluto a mejorar su depresión. El 11 de enero de 2013 Aaron decidió quitarse la vida.

En menos de dos días desde que se conoció la noticia de la muerte de Aaron, se organizó una campaña en Twitter bajo el hashtag #pdftribute, que consiste en que académicos y bibliotecarios de todo el mundo liberen sus artículos científicos bajo ese hashtag como forma de recuerdo hacia Aaron. En el sitio pdftribute.net, levantado en lo que canta un gallo, pueden encontrarse los links a los artículos que están siendo liberados bajo esta modalidad.

A pesar de que este movimiento es una excelente noticia, esto no tiene que desviarnos de lo central, que es seguir marcando que el movimiento del Acceso Abierto no es suficiente para liberar la información académica y científica y volverla accesible; necesitamos una reforma integral de las leyes de derecho de autor, que se han excedido por muchísimo en lo que estaban destinadas a cumplir inicialmente, y necesitamos también que universidades, bibliotecarios y académicos tomen nota de la responsabilidad ineludible que les toca en ser difusores de información. En el plano local, esto nos lleva a recordarles a las autoridades universitarias que una y otra vez se oponen a liberar sus contenidos, y a las cámaras del libro que la emprenden contra profesores universitarios y también contra estudiantes universitarios, que la circulación de la cultura no es una excepción sino la norma, y que por el contrario, son las leyes de derecho de autor las que se han impuesto como cerco artificial contra esta libre circulación de los contenidos, especialmente en el siglo XXI.

La pérdida de Aaron Swartz es dolorosa por muchos motivos: por lo brillante de su corta trayectoria, por las circunstancias de su muerte, por la persecución judicial de la que fue víctima, y sobre todo, por el vacío que deja con su partida. Es obvio que no conocía personalmente a Aaron Swartz, pero la pérdida de un compañero de militancia (por más que este se encuentre a miles de kilómetros de distancia) es algo que nos afecta a todos los que nos encontramos en esta trinchera digital, defendiendo el acceso irrestricto a la información académica, promoviendo reformas en las leyes de derecho de autor y resistiendo los avances de las industrias del copyright, y tratando de preservar los principios abiertos, flexibles y dinámicos de la Internet tal como la conocemos, contra los embates constantes de corporaciones y gobiernos por igual.

Quisiera por último dejar algunas frases que Aaron escribió en el 2008, en un texto suyo muy popular, el “Open Access Guerrilla Manifiesto”:

“Aquellos que tienen acceso a estos recursos académicos—estudiantes, bibliotecarios, científicos—han sido beneficiarios de un privilegio. Tienen la oportunidad de alimentarse en este banquete del conocimiento, mientras que al resto del mundo se le prohíbe sentarse a la mesa. Pero no necesitan -y de hecho, moralmente, no deben hacerlo- guardarse este privilegio para sí. Tienen el deber de compartirlo con el mundo.

No hay justicia en seguir leyes injustas. Es tiempo de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, declarar nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública.

Necesitamos tomar la información, donde sea que esté localizada y guardada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo. Necesitamos tomar todas las cosas que están en el dominio público y agregarlas a los archivos. Necesitamos comprar las bases de datos secretas y ponerlas en la Web, públicas. Necesitamos descargar artículos y publicaciones académicas y subirlas a las redes de intercambio de archivos. Necesitamos pelear en la Guerrilla del Acceso Abierto.

Con suficientes de nosotros alrededor del mundo, no sólo mandaremos un fuerte mensaje en oposición a la privatización del conocimiento -también lo haremos una cosa del pasado. ¿Estás dispuesto a unirte a nosotros?”.

Es imposible reemplazar a los imprescindibles. Pero lo que sí podemos hacer es redoblar nuestros esfuerzos militantes, para poder recoger el nombre de los compañeros que ya no están y llevarlos como bandera a la victoria. Hasta siempre, Aaron, y bienvenidos a todos aquellos que a partir de esta situación tan trágica decidan que es hora de salir a la luz, como pedía Aaron.

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3 comentarios

  1. Fernando dice:

    “No hay justicia en seguir leyes injustas.” Gran frase, que resume todo el andamiaje legal diseñado para defender a grandes corporaciones, en detrimento de las mayorías.

    Duele la muerte de este muchacho, más aún porque en parte es una víctima de la indiferencia. Sin dudas fue esto lo que lo llevó a tomar tan terrible decisión. Y seguramente será un disparador para innumerables homenajes, que funcionarán como un paliativo, pero que de ninguna manera pueden reparar semejante pérdida. Distinta hubiera sido su suerte si miles, o millones hubiésemos replicado su accionar.

    La lucha contra la criminalización de la descarga digital y del libre acceso a la cultura requiere enfrentar no sólo a los intereses corporativos, sino también a multitud de voluntades compradas y cerebros lavados. Y ojalá que esta causa no requiera de más mártires.

  2. [...] circulación de las obras las que promuevan el desarrollo de estas tecnologías desconcertantes. La trágica muerte de Aaron Schwartz, uno de los hackers detrás del protocolo RSS y de una enorme cantidad de contribuciones a la [...]

  3. [...] circulación de las obras las que promuevan el desarrollo de estas tecnologías desconcertantes. La trágica muerte de Aaron Schwartz, uno de los hackers detrás del protocolo RSS y de una enorme cantidad de contribuciones a la [...]

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