La geopolítica de Tik Tok. ¿Hacia dónde van las políticas de Internet?

Editorial de nuestro boletín de noticias semanal del 31 de Agosto de 2020. Para recibir nuestro boletín, suscríbanse en este enlace.

Hace varias semanas que venimos pensando en compartir algunas ideas e impresiones sobre la escalada de Donald Trump contra Tik Tok y WeChat y las tecnológicas chinas en general. Esto se enmarca en un contexto más amplio que se divulgó hace pocos días y que constituye una iniciativa que promete tener un impacto serio en la regulación / funcionamiento de Internet tal como la conocemos hoy.

Hace muy pocas semanas, Donald Trump y su Secretario de Estado Mike Pompeo presentaron el programa “The Clean Network” o “La Red Limpia” por su traducción al español.

Se trata, según Pompeo, de un abordaje amplio para custodiar la privacidad de los ciudadanos de los EEUU y la información sensible y confidencial de las compañías de ese país de las intrusiones “agresivas de actores maliciosos” tales como (op cit) el Partido Comunista Chino (CCP). Pompeo anunció el lanzamiento de cinco líneas de acción para proteger las telecomunicaciones críticas y las infraestructuras tecnológicas de los EEUU:

Carriers limpios: para asegurar que ningún carrier chino se conecte con las redes de telecomunicaciones de los EEUU.
Tiendas limpias: para remover aplicaciones no confiables de los proveedores de servicios de los EEUU (aquí se incluye el proyecto impedir la descarga de Tik Tok y WeChat desde las tiendas de las compañías norteamericanas).
Apps limpias: para evitar que proveedores de teléfonos chinos traigan pre instaladas o permitan la instalación de apps de empresas norteamericanas a las que se fuerza así a no hacer negocios con proveedores de origen chino.
Nube limpia: para evitar que la información de los ciudadanos norteamericanos y la propiedad intelectual de las compañías de ese país, incluyendo información sobre tratamientos y vacunas de Covid19 sean sustraídas o accedidas por adversarios que mantienen servicios en la nube (incluyen aquí a empañías como Alibaba, Baidu o Tencent).
Cables limpios: para asegurar que los cables submarinos que conectan EEUU con el resto del mundo no sean interceptados por los servicios de inteligencia del Partido Comunista Chino a gran escala.
Según el funcionario de la Administración Trump, más de 30 países y territorios y las principales empresas de telecomunicaciones del mundo asumieron el compromiso de hacer negocios exclusivamente usando proveedores confiables en sus redes limpias.

En una rápida reacción al anuncio, el académico Milton Muller expresó su repudio a tales medidas, indicando que usar las leyes de emergencia y de seguridad nacional para este tipo de cuestiones no sólo es desproporcionado, sino que va a redundar en problemas muy serios para las propias compañías norteamericanas que se supone busca proteger.

Estas medidas tiran por tierra la larga doctrina de libre comercio de la cual EEUU se ha beneficiado por décadas. Calificar a las empresas chinas como una amenaza a la seguridad nacional no es otra cosa que evitar cualquier control legislativo que pueda haber sobre las medidas y establecer de facto un sistema proteccionista que además, pretende imponer a sus países aliados.

En este sentido, la declaración de Trump sobre Tik Tok y WeChat al momento de emitir las sendas órdenes ejecutivas que interpuso para prohibir su utilización en territorio norteamericano a menos que sean compradas por capitales locales contiene un nivel de cinismo que ya no sorprende. Todos los actos de los que acusa a estas compañías son exactamente los mismos que sabemos que pueden hacer las empresas de los EEUU.

Richard Hill, experto internacional en telecomunicaciones, consultor de la UIT e integrante colega de varias redes como JustNet Coalition y Our World is Not For Sale se preguntaba en estos días si la política de Trump no constituye una puerta a que los países que no sigan al pie de la letra los mandatos de los EEUU empiecen a aplicar esos mismos parámetros hacia las compañías de los EEUU.

Actualmente, es importante recordar que el gobierno de los EEUU puede, con orden judicial, acceder a la información personal de sus ciudadanos procesada por las compañías bajo su marco legal, aunque sus datacenters se encuentren fuera del país (Cloud Act). Además, pueden acceder sin orden judicial, a los datos de ciudadanos extranjeros residentes en cualquier lugar del mundo.

El camino adoptado por la administración Trump no deja mucho margen de acción a los países que decidan de manera soberana no alinearse con ellos en este intento de polarizar cada vez más las relaciones internacionales. Recordemos además que hace pocas semanas, la Corte de Justicia Europea declaró inválido el EU-US Privacy Shield porque consideró que la ley norteamericana no es compatible con los derechos fundamentales consagrados en la UE al no proveer adecuada protección a los datos personales de sus ciudadanos. ¿Qué hará Europa frente a este panorama? Probablemente, esperar a ver el resultado de las elecciones de Noviembre en los EEUU.

La escalada de Trump contra las empresas del gigante asiático abre un período que bien podríamos caracterizar con aquella milenaria maldición china: ‘Ojalá vivas tiempos interesantes”.

Países periféricos con poca capacidad de acción en relación a la agenda de Internet Governance en particular o de Comercio Internacional en general no podemos perder de vista estos escenarios de la geopolítica que marcan tendencias, rumbos y requieren de estrategias apropiadas para su abordaje. Leer lo que ocurre a nivel internacional es clave en esta coyuntura en la que la polarización creciente no es sólo un tema de la política doméstica sino de las relaciones internacionales en general.

Estos temas de política internacional no están aislados de otros que están ocurriendo hoy mismo como la elección del próximo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o las negociaciones de la agenda de comercio de la OMC. La política de Trump para la ‘Red Limpia’ constituye un problema serio para la política global y la posibilidad de construir una gestión más amplia y democrática de Internet, gestión en la cual nuestra región está sistemáticamente ausente. Esto no es casual. No sólo se trata de construir las capacidades para incidir en un mundo de gran complejidad, sino y muy especialmente, de tener una política de estado definida para temas centrales como la gestión y regulación de Internet, agenda en la cual Argentina ha tenido más vaivenes que objetivos claros.

¿Quién está analizando esto en Argentina hoy?
En la agenda local no sólo deberíamos incluir los debates sobre la responsabilidad de los intermediarios que tanta repercusión generan sino también discusiones clave sobre aspectos centrales vinculados a la propiedad intelectual, formar capacidades para incidir en la esfera técnica de las regulaciones como la IETF (donde tienen lugar buena parte de los entredichos de la política internacional bajo un oscuro velo de jerga técnica), trabajar en la construcción y tendido de infraestructura apropiada, actualizar la regulación de protección de datos y privacidad, promover las capacidades locales para la innovación así como adoptar políticas de larga data de apoyo al desarrollo de software libre.

Históricamente, el rol argentino en las discusiones globales sobre políticas de internet ha sido de magro a nulo. Quizás sea hora de construir un foro para pensar qué políticas de internet necesitamos, qué regulaciones vamos a diseñar, qué alianzas vamos a tejer y qué objetivos nos vamos a dar en un contexto en el que no deberíamos caer en la polarización creciente, sino en el que vamos a tener que articular acciones que nos permitan construir y consolidar políticas de Internet que cumplan plenamente con los Derechos Humanos.

Beatriz Busaniche

Fundación Vía Libre

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