Cómo trabajan los digitalizadores que buscan empujar las bibliotecas al siglo XXI

Este artículo fue publicado en Infobae el 31 de diciembre de 2017
Facilitar la difusión y reducir la manipulación de los originales para protegerlos son las principales razones de la digitalización. Cuáles son los museos e instituciones argentinas a la vanguardia en esta tarea y las experiencias más destacadas a nivel mundial

Por Federico Millenaar

“En Internet está todo”. Si bien esta idea ya se volvió parte del sentido común, no es tan fácil como suena. Para subir un contenido a la red, primero tiene que ser digital. En el caso de las bibliotecas, archivos y museos, el proceso de digitalización avanza a pasos lentos gracias a la voluntad y al ingenio de unos pocos.

Existen dos razones básicas para digitalizar materiales: facilitar la difusión y reducir la manipulación de los originales para cuidarlos. En Argentina, los proyectos de digitalización de colecciones públicas no siempre comparten la misma filosofía, pero sí la falta de recursos.

Matías Butelman y Juan Pablo Suárez tienen en común la influencia del movimiento de la “cultura libre”, del “software abierto”, del trabajo “colaborativo” y de la filosofía “hágalo usted mismo”. Juntos comenzaron a fabricar escaners baratos para instituciones con pocos recursos (proyecto Bibliohack).

Los planos del primer prototipo los descargaron gratuitamente de un foro online y sobre esa base fueron evolucionando. Una estructura hecha de madera y fibrofacil, una cámara de fotos de gama media, lámparas comunes y un software gratuito son más que suficiente para digitalizar a bajo costo. Su primer proyecto fue en la biblioteca del Colegio Nacional Buenos Aires, y ya hicieron otro modelo que funciona en el Museo de Arte Moderno (MaMBA). Este último cuesta unos 30 mil pesos, con computadora, cámara y todo.

“No teníamos presupuesto, infraestructura, ni prioridad en la agenda de la institución. Estos tres aspectos son los que aplacan este tipo de iniciativas”, aseguró Butelman a Infobae. Pero como lo más complicado fue acumular el “know how” (conocimiento), ahora la misión es compartirlo.

Al otro lado de la Ciudad, en la Biblioteca Nacional, el panorama presenta similitudes y deferencias. Si bien en 2013 se adquirieron dos escáners comerciales -que cuestan entre 20 y 30 mil dólares- el proyecto comenzó a fines del ´99 cuando un empleado decidió rearmar una máquina de microfilm que había quedado abandonada en un depósito tras la mudanza del ’92. Primero comenzaron digitalizando directamente desde el microfilm. Hoy, Ruben Barbei trabaja en el desarrollo y fabricación de dos nuevos prototipos para escanear directamente papel. Lo hace desde un pequeño taller en la planta baja. También es el encargado de reparar y mantener los equipos que ya tienen.

“No se ha invertido tanto en esta biblioteca en relación al volumen del archivo que tiene, los depósitos son gigantescos. Con la cantidad de documentación que hay podemos estar cien años digitalizando. En nuestro país la cultura nunca es prioridad”, explicó a Infobae Miguel Stazzone, jefe del Departamento de Microfilmación y Digitalización. “En la biblioteca de Harvard, por ejemplo, el proceso lo tienen robotizado”, contrasta.

Según Stazzone, para llegar al nivel de las bibliotecas más avanzadas, como la del Congreso de Estados Unidos o la Nacional de Francia, sólo hace falta más presupuesto destinado a “tener mejores equipos y capacitar mejor a la gente, nosotros fuimos aprendiendo sobre la marcha y después formando al resto”.

Bajo su dirección, actualmente trabajan más de 80 personas en diferentes proyectos que van desde la digitalización de las colecciones completas de los diarios Crónica y Página 12, hasta ejemplares de la biblioteca personal de Jorge Luis Borges (muchos guardan sus anotaciones de puño y letra). “Nosotros hicimos un plan a tres años para digitalizar y cada área determina cuál es la prioridad. Por ejemplo, Tesoro nos mandó algunos incunables”, explicó Stazzone.

En el caso de la Biblioteca Nacional “la prioridad es la preservación”. La segunda etapa, de difusión y libre accesibilidad, es más problemática debido a la cuestión de los derechos de autor. El catálogo online ya cuenta con 30 mil ítems disponibles, sólo los que han caído en el dominio público.

Valeria Semilla, jefa de Patrimonio del MaMBA, enfatiza la importancia de las denominadas excepciones culturales al pago de derechos de autor. “La ciudadanía paga para que cuidemos las obras y documentos, y debe tener acceso más allá de una exposición en las que nunca está el patrimonio completo”. Como en nuestro país las excepciones culturales no están reglamentadas, al subir a Internet material que no sea de dominio público se exponen a juicios por parte de los titulares de los derechos. El nudo de la cuestión está en que no lo hacen con fines de lucro, sino educativos y culturales.

“Los derechos son plata y nadie se lo quiere regalar al Estado. Por ejemplo, María Kodama no te regala ni una hojita firmada por Borges. Si no pagás, no te los deja subir. Se ampara en la ley”, señala Stazzone en la misma línea.

La pelea por los derechos también se da en otro países. Robert Darnton, presidente de la biblioteca de Harvard, fue una de las voces que se alzó contra el intento de Google de digitalizar todos los libros del mundo alarmado por las tendencias monopólicas de esta megacorporación. Como alternativa, impulsó la Digital Public Library of America, una federación descentralizada de bibliotecas que comparten contenido digitalizado de dominio público.

“Eso es algo más parecido a lo que se podría implementar acá”, asegura Butelman, quien toma la DPLA como modelo. Para eso se necesitan escáners baratos que cada institución pueda armar por su cuenta y un lenguaje común, es decir protocolos de cómo digitalizar, catalogar y compartir contenido. Con ese objetivo a principios de diciembre en el MaMBA se organizó un encuentro de organizaciones que buscan compartir sus colecciones. La idea es poner en común experiencias para superar obstáculos colectivamente.

“Yo fantaseo con que el encuentro del año que viene sea mucho más grande”, se entusiasma Butelman, “y saquemos una declaración por el tema de las excepciones culturales”.

Stazzone también sueña. “A mí me gustaría hacer una biblioteca digital federal, llevar estos equipos (una vez terminados y patentados) a todos los rincones del país. Traer todo y centralizarlo acá”, detalló. Dos visiones diferentes para un mismo objetivo: democratizar más el acceso a la cultura.

“La biblioteca de papel no va a morir nunca, pero lo que sí va a pasar es que crezcan mucho las digitales”, pronostica Juan Pablo Bellini a Infobae. Para el líder del proyecto BIDI (Biblioteca Digital) del Grupo VI-DA, entre las bibliotecas de papel y las digitales se genera una simbiosis en la que todos ganan.

“Nosotros tenemos un convenio con 30 universidades, entre ellas la Facultad de Económicas de la UBA. La biblioteca necesita tener contenido digital porque hay un público de chicos estudiantes nativos digitales que no van a ir nunca a la biblioteca tradicional en papel. En cambio, si se les ofrece un servicio digital, esos chicos van a transitar la biblioteca a través de ese medio. En definitiva es la misma biblioteca, pero le agrega valor”.

Otras experiencias a nivel mundial

–Europeana es una iniciativa regional, nacida en 2008, que incluye a todos los países de la Comunidad Europea. A través de un sitio web proporciona acceso a más de 50 millones de archivos digitalizados que incluyen libros, música y material gráfico, aportado por 2300 instituciones de 28 países: desde manuscritos medievales y colecciones de Vincent Van Gogh, hasta fotografías de la Primera Guerra Mundial y planos de antiguas catedrales.

-El Vaticano atesora uno de los archivos más valiosos de la humanidad. Más de 80 mil manuscritos, 8.900 incunables y textos únicos como la Biblia de Gutenberg. Desde 2013 también comenzó con lento proyecto de digitalización que subió 300 documentos a su catálogo online.

-Un acuerdo entre Google y el Museo de Israel dio origen en 2011 al proyecto digital Manuscritos del Mar Muerto, que puso a disposición del público las versiones digitales de algunos de los manuscritos bíblicos más antiguos. Las imágenes fueron capturadas con extremas medidas de precaución para no dañar las pieles en las que fueron escritos hace 2.000 años. Sólo este proceso costó U$S 3.5 millones.

-La Digital Public Library of America (Biblioteca Pública Digital de Estados Unidos) fue lanzada oficialmente en abril de 2013. Su principal característica es que se trata de una iniciativa descentralizada que nuclea 16 millones de items digitalizados aportados por dos mil instituciones norteamericanas (bibliotecas, archivos, museos, universidades, entre otros). En su amplio catálogo podemos encontrar, por ejemplo, colecciones de pósteres oficiales de enlistamiento en las fuerzas armadas durante las Guerras Mundiales.

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