Control privado y libertad de expresión en Internet: el caso Taringa!

Por Beatriz Busaniche (Fundación Vía Libre) y Eleonora Rabinovich (Asociación por los Derechos Civiles)

En las últimas semanas, el anuncio de una carta de intención entre Taringa! y algunas entidades de gestión colectiva de derechos autorales generó inquietud entre activistas culturales y defensores de la libertad de expresión en Internet.

(Buenos Aires, 22 de mayo de 2013) – El acuerdo habilita un espacio de debate sobre el acceso a la cultura online, pero incluye una declaración que acepta la posibilidad de que las entidades utilicen mecanismos que permitan el control de los contenidos generados por los usuarios para proteger los derechos de autor.

En paralelo, se conoció la posible rúbrica de un acuerdo entre Taringa! y la Cámara Argentina del Libro (CAL) que implementaría esta cláusula a través de la creación de un procedimiento para que la CAL supervise y decida la baja de contenidos publicados en el sitio web según su propia consideración sobre la infracción a las normas de derechos autorales. El contexto de la noticia no es menor: los titulares de Taringa! fueron procesados en una causa iniciada por la CAL por alegada infracción a los derechos de autor.

El caso Taringa! puede analizarse a la luz de distintas cuestiones: la necesaria revisión de nuestra restrictiva y anacrónica legislación de derechos de autor, la proporcionalidad de usar el derecho penal para castigar esas infracciones, entre otras. En esta oportunidad, nos interesa enfocarnos en la responsabilidad de los intermediarios de Internet y su impacto en la circulación de contenidos online.

Para publicar, buscar y recibir información los usuarios necesitamos de un sinnúmero de intermediarios (proveedores de acceso, buscadores, administradores de plataformas, etc.) que se vuelven agentes cruciales dentro de la arquitectura abierta y descentralizada de Internet.

Un régimen como el que sugiere el acuerdo implica la creación de un sistema de control de contenidos a cargo de entidades privadas, que es problemático por varias razones. En principio, deja al arbitrio de un actor privado la determinación sobre la licitud o ilicitud de un contenido. Además, genera fuertes incentivos para la censura privada: los intermediarios son actores que, es de esperar, intentarán reducir el riesgo de su eventual responsabilidad aún a costa de eliminar contenido legítimo subido por otros. En los Estados Unidos, un sistema así ha permitido que miles de titulares de derechos de autor cancelaran usos legítimos del contenido tutelado (parodias, críticas de interés público, etc.).

Los incentivos hacia la censura privada pueden reducirse si se establece un régimen que evite la responsabilidad de los intermediarios por los contenidos generados por los usuarios, y que dé intervención al poder judicial para resolver sobre los derechos en juego, respetando el debido proceso. Ese es el estándar promovido por las relatorías de libertad de expresión de la OEA, la ONU, Europa y Africa, y el que sintoniza con la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Para evitar “soluciones privadas” incompatibles con la libertad de expresión, es indispensable que impulsemos en nuestro país una discusión seria que conlleve a la adopción de marcos legales que garanticen los derechos humanos en Internet.

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6 Respuestas

  1. nleb dice:

    Es sin duda cierto la existencia del derecho a el libre acceso a la cultura, pero también es cierto el derecho de poder obtener beneficios materiales o morales sobre las obras. Así se encuentra expresado en el art. 27 de la declaración universal de los derechos humanos que en la argentina tiene rango constitucional.

    Si bien es cierto la controversia de iniciar una “regulación” en Internet, y la tan conocida declaración de independencia del ciberespacio, lo cierto es que cuando acciones “en el ciberespacio” afectan a otras jurisdicciones físicas no existe tal independencia.

    Debemos aceptar como sociedad que no estamos aislados, y que si en Internet se cometen delitos (o acciónes que generan un daño) deben ser penados. Hablamos de anonimato y privacidad pero luego apoyamos la difusión de documentos secretos diciendo que la información debe ser libre.

    Creo que debemos aceptar a respetarnos y consensuar entre todos los integrantes de la sociedad. No creo en lo off-line y lo on-line, creo que es todo parte del mismo mundo.

    No existen derechos sobre otros, todos son derechos y deben ser respetados por igual, no solo eligiendo los que mas nos venga en gana.

    Libertad si, libertinaje no.

    • derechoaleer dice:

      nleb oiste hablar de la falacia del ombre de paja?

      http://es.wikipedia.org/wiki/Falacia_del_hombre_de_paja

      consiste en atribuirle a tu interloculor cosas que no ha dicho y luego refutarlas, exactamente eso estas haciendo en tu cometario: aquí nadie se refirió al “manifiesto de la ciberespacio”, ni siquiera a las posibles tensiones entre acceso y derecho de autor, simplemente se expresa la preocupación ante la posibilididad que un agente privado se de la potestad de arbitro de los contenidos que pueden circulan por internet, obviamete tratandose de un arbitro con intereses como la CAL, sus deciciones estarán marcadas por la arbitrarierdad y no la justicia

      por otro lado falta demostrar con datos ciertos y concretos si la libre ciculación de contenidos perjudica o beneficia a los titulares de derechos, por los números que año a año nos comunica la propia industria (aun en epocas de crisis como las que nos toca vivir) pareciera que la puerta de acceso abierta internet no ha perjudicado en lo más minimo la posibilidad de obtener beneficios materiales

      • nleb dice:

        derechoaleer: está claro que tomo la idea general de muchos artículos del blog y trato, a partir de la idea general, llegar a mi conclusión sobre el asunto de forma general. Lamentablemente elegí este post, pero porque llego un punto en que decidi hacer el comentario.

        Un ejemplo claro Quino se manifesto en contra del remix en tu blog… ¿está bien, está mal? yo que se. Lo único que digo es que tal vez, solo tal vez, si bien el derecho objetivo penaliza determinadas acciones y el subjetivo la desestima (en gran razón por lo saturado que está la justicia), no significa que lo que digamos o hagamos esté del todo bien.

        Eso es simplemente lo que quería manifestar. Entiendo y apoyo ciertos aspectos del “ciberactivismo” y la cultura hacker, pero creo que en algunos momentos se deberían hacer ciertas críticas o cuestionamientos.

        Saludos!

    • Fede dice:

      Es sin duda cierto la existencia del derecho a el libre acceso a la cultura, pero también es cierto el derecho de poder obtener beneficios materiales o morales sobre las obras. Así se encuentra expresado en el art. 27 de la declaración universal de los derechos humanos que en la argentina tiene rango constitucional.

      Este es un error muy común: mucha gente cree que estos derechos en contaposición tienen el mismo rango de derecho humano. Sin embargo, está ampliamente documentado que cuando entran en conflicto, el derecho al libre acceso a la cultura es más importante, y gana.

      • nleb dice:

        Eso es lo que dice el derecho subjetivo, pero el derecho objetivo (la norma) parece más clara. Creo que como tal es una cuestión de interpretación y hoy puede estar “ampliamente documentado” pero mañana se puede revertir.

        Si yo decido hacer algo con una licencia no libre ¿porque vos tenes derecho a violar mi propia voluntad? (nota tengo un blog con licencia CC, por lo que la pregunta es meramente para reflexionar).

        Saludos

        • Fede dice:

          Lo siento, Nieb, por favor leé el artículo al que apunté. Ahí explica claramente que los mismos documentos oficiales que sirven de guía para la interpretación de la norma dicen que el derecho al acceso a la cultura es de mayor rango que el derecho a lucrar con la obra.

          Y acerca de por qué tengo derecho a violar tu voluntad, es fácil: porque vos no tenés derecho a imponerme tu voluntad, de la mima manera que yo no tengo a imponerte la mía. Esa idea de que el autor tiene derecho a restringir las acciones de otros es muy difundida, y en algunas legislaciones es parcialmente cierto, pero eso no quiere decir que esté bien.

          La pregunta no es por qué puedo hacer algo que va en contra de tu voluntad, sino por qué tu voluntad debería importarme.

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