La batalla de los derechos

El portal Recursos Culturales realizó una amplia cobertura de los debates producidos en el marco del Mercado de las Industrias Culturales de Argentina. Entre ellos, destacamos una entrevista muy interesante con el académico holandés Joost Smiers y una crónica de los debates más tensos del Seminario de Derechos de Autor en las Industrias Culturales. Aquí reproducimos la crónica de estos debates a cargo de Federico Borobio.

Uno de los ejes temáticos más destacados, y sin dudas el más polémico y picante, giró en torno al Derecho de Autor en las Industrias Culturales. Desfilaron desde sociedades de gestión, especialistas, funcionarios, empresarios y artistas, hasta organizaciones que propician la libre circulación de bienes culturales. Interesantísimos debates, cruces, la gente de Taringa! junto a luchadores antipiratería. Segundos afuera. Fue un amplio abanico que enriqueció el debate, yendo desde Eduardo Bautista (España, titular de SGAE) hasta Joost Smiers (Holanda, autor de “Un mundo sin copyright”), pasando por Beatriz Busaniche (Fundación Vía Libre), Víctor Yunes (Secretario General de SADAIC), Xavier Marcé (España, vicepresidente de Focus), y Pablo Máspero (Argentina, CAPIF), entre muchos otros.

Por Federico Borobio

El hecho de estar inmersos en un momento de profundos cambios en el modo de producir y distribuir contenidos a partir del uso de internet y los soportes digitales, con modelos aún no definidos, sectores en fuerte pugna y poderosos intereses económicos haciendo sentir su presión, se reflejó una y otra vez en el seminario. Y para fortuna de los asistentes, lo hizo en muchos casos a través de sus voceros y protagonistas directos.

En la mesa “Canon digital. ¿Quién, cómo, dónde?”, por ejemplo, la doctora Delia Lipszyc, directora del Instituto de Derecho de Autor del Colegio Público de Abogados de Buenos Aires, realizó un extenso repaso de la historia del derecho de autor y la legislación vigente, durante la cual manifestó que “cada copia que hace el público de una copia publicada desplaza la venta de esa obra”. La aseveración fue puesta en duda por Xavier Marcé: “no sé hasta que punto una obra que se copia se retira del mercado y deja de ser comprada. A veces no. No estoy en contra de que los autores tengan su remuneración, pero también deberíamos discutir cómo internet amplía ese mercado de modo masivo, y hasta que punto internet difumina esa idea de creador que antes tenía ciertos cánones”. Marcé dio un paso más en el debate, al marcar que “fuera de la reflexión jurídica y técnica, me da la impresión de que cuando hablamos de internet, todavía hacemos un análisis economicista y no hemos sido capaces de conceptualizarlo correctamente. Es decir ¿internet es una tienda, o es un paisaje sobre el cual construimos la sociedad civil? Si es una tienda, ningún problema, se regula y ya. Si es un espacio donde se construye una nueva realidad cívica, habrá que ver como cientos de elementos que son sujetos de derecho en la realidad analógica dejan de serlo en la realidad virtual. En la vida real, en la vida de la calle, yo comparto infinitas bandas sonoras. En la red ¿dónde está ese espacio público?”.

Por otra parte, las sociedades de gestión colectiva tuvieron su propia mesa con la participación de Eduardo de Freitas (Uruguay, Director General Adjunto de la Asociación General de Autores de Uruguay), la Dra. Etel Ferraro (Argentina, SADAIC), el Dr. Pablo Máspero (Argentina, CAPIF) y Víctor Yunes (Argentina, Secretario General de SADAIC).

Yunes arrancó su participación hablando en plural: “nosotros los autores y compositores estamos convencidos de que todo comienza con una canción, pero también sabemos que después necesitamos un intérprete, y después necesitamos que las empresas confíen en la canción y el intérprete e inviertan su dinero, y que la canción, el intérprete y la empresa tengan la buena suerte de que los radiodifusores consideren que esas canciones son aptas para que la gente pueda disfrutar de esa música. Es todo una cadena. Como producto de esto tenemos un Gardel, la Filarmónica de Londres y Jaimes Roos. Y así es el mundo, felizmente es así”. Y cerró, siempre en tono poético, citando al presidente de Uruguay: “me tocó estar al lado de Pepe Mujica cuando nos dijo muchachos, cuiden y protejan sus derechos, porque sino ocurre que ustedes trabajan de trueno y es para otros el agua de lluvia”.

En la misma mesa, Pablo Máspero, de CAPIF (la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas que agrupa entre otras a Sony Music Entertainment, The Walt Disney Company, Universal y Warner Music), fue menos poético pero ciertamente mas dramático.“Cuando se desconocen los derechos de propiedad intelectual, se desconoce el derecho a nuestros proyectos de vida, a la cultura, a la identidad cultural y política. No hay forma de construir el edificio de las industrias culturales sin el cimiento de la propiedad intelectual”. Y remató: “nadie va a invertir absolutamente nada, ni de esfuerzo personal ni de esfuerzo económico, si no tiene un marco legal para ello. No seamos utópicos, eso no existe, eso es imposible”. Hacia el final de su intervención Máspero dejó un mensaje contundente al afirmar que “nadie pone en tela de juicio el derecho de acceso a la cultura, pero eso no significa que sea a expensas del plato de comida que los creadores llevan a su casa. Ser demócrata es respetar el marco legal vigente y plantear el debate donde se debe plantear. La propiedad intelectual es activo principal del acervo jurídico argentino y latinoamericano, y estamos dispuestos a seguir dando batalla por ello”, advirtió el Director de Asuntos Jurídicos de CAPIF.

La advertencia no era abstracta. Esa misma mañana, más temprano, otras partes involucradas en la “batalla” habían dicho lo suyo en el marco de la mesa “El derecho de autor en las industrias culturales, ¿quién se beneficia?”. Allí, Beatriz Busaniche, Secretaria de la Fundación Vía Libre y Public Leader de Creative Commons en Argentina, inició su presentación con una declaración. “Cuando llegué al predio, me puse una remera que dice Taringa!. Y esto es una declaración política, que tiene que ver con una declaración, también política, emitida por los relatores de libertad de expresión de la OEA, la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por la cual dicen que no se debe pedir a los proveedores de servicios de Internet, incluyendo los proveedores de hosting, los buscadores, los proveedores de servicios de contenido, que den de baja contenidos, o materiales bajo derecho de autor, sin que medie una orden judicial fehaciente. Esto es básicamente para proteger el debido proceso y la libertad de expresión. El fallo que procesa a los dueños de este portal argentino, se basa en que ellos permitieron que existieran links, cuando en ningún momento medió una orden judicial para dar de baja a estos links”.

Ya en tema, Busaniche preguntó: ¿Cuántos de ustedes compraron un disco y lo compraron de vuelta para tenerlo en el auto, y lo compraron otra vez para tenerlo en la oficina? Eso es lo que se conoce como copia privada”. “Se conoce como piratería”, se escuchó desde el fondo de la sala. Y continuó. “El punto es que este es el contexto en que vivimos. Cuando nos dicen que estamos radicalizados, decimos que no es así. Con conseguir muchas excepciones en la ley para usos justos, con que dejen de criminalizar a los bibliotecarios, que dejen de poner medidas para desconectarnos de internet, que se respete la libertad de expresión, que dejen de pensar que estamos contra los autores…nosotros apreciamos a los autores, y celebramos cuando vemos algo como la iniciativa de la revista Orsai de publicar autores pagándoles el 50% de las ganancias del libro. ¿Cuántos escritores conocen ustedes que ganen el 50% del precio de tapa, y que no paguen? Nosotros queremos que haya mucha cultura, muchos autores. Lo que nosotros no queremos es que usando el sistema de copyright y el sistema de derechos de autor ahoguen la creatividad”. A su lado, Joost Smiers, autor de Imagine No Copyright (ver nota), asentía con la cabeza. Finalmente, la representante de Vía Libre le dedicó un párrafo al MICA y a las sociedades de gestión: “el futuro de internet no está en el MICA, porqué el futuro de internet no sabe cómo llegar acá, no sabe qué es el MICA, no sabe tampoco que son las Industrias Culturales. El futuro de internet probablemente tenga quince años y esté en su casa desarrollando algo que nos va a sorprender mañana. Nuestra primera y absoluta responsabilidad es preservar internet abierta, libre, neutral y con libertad de expresión. Para que el futuro de internet no lo ahoguen los señores del siglo 19 que estuvieron hablando acá ”.

Así las cosas, entre posturas duras y conciliadoras, taxativas y desconcertadas, minimalistas y maximalistas, discusiones acaloradas y acusaciones cruzadas, la activa participación del público marcó hasta qué punto esta polémica abierta nos concierne a todos, seamos o no conscientes de ello.

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