Más ompistas que la OMPI

por Derecho a Leer

“Debemos recordar siempre que la historia de la confrontación de nuestro clásico universo del copyright con el medio digital ha sido más bien una triste historia de la resistencia ludita, que un ejemplo de compromiso inteligente” Francis Gurry, director de la Organzación Mundial de la Propiedad Intelectual

En septiembre de 2009 Fede Heinz se preguntaba desde el título de una entrada en Via Libre “¿Podemos rescatar a la OMPI?” Haciendo referencia a un aparente (e incipiente) cambio de ideas en seno de dicha organización, entre los discusos del director de la OMPI de 2008 y 2009, nos comenta “mientras que el primero afirma tajantemente que la innovación y la producción de obras serían imposibles sin «propiedad intelectual», y aboga por su protección a rajatabla, el segundo se limita a recalcar que «un sistema equilibrado de propiedad intelectual puede contribuir a estimular» ambas tareas”.

El artículo menciona también como síntomas de cierto cambio, la adopción del “Programa de la OMPI para el desarrollo”, cuyo objetivo consiste en atender las necesidades de desarrollo de los países menos industrializados (que tienen su propia agenda en materia de propiedad intelectual), y el “abandono” del foro por parte de EEUU, Europa y Japón, que transladaron sus esfuerzos hacia otros ámbitos todavía más permeables a su influencia, como la OMC o los tratados de libre comercio, donde el levantamiento de barreras arancelarias se negocia a cambio del refuerce de barreras inmateriales. Pero incluso hasta esos ámbitos resultaron demasiado democráticos a ciertos intereses, como para inventarse el ACTA, el último intento de presionar globalmente por regímenes legales más duros.

Si bien, tal como señala el artículo, el estatuto sobre el cual esta fundada la OMPI (la defensa de la propiedad intelectual), o el origen de su finaciamiento (proveniente mayormente de la industria) invalidan cualquier posibilidad de ver surgir desde allí políticas alternativas concretas, “contrarias” a la propiedad intelectual, parece que si es posible encontrar, una insólita fuente de legitimación discursiva.

Aggiornando el discurso

Francis Gurry, director de la OMPI ha pronunciado hoy una conferencia que permite ver que tan lejos se puede llegar con los aggiornamientos. El evento que sirvió de contexto se llamó “Blue Sky. Future Directions in Copyright Law”, realizado en Sydney, Australia, de perfil revisionista: uno de sus organizadores, el Profesor Brian Fitzgerald de la QUT Faculty of Law, tiene su propio tag en el sitio de Creative Commons Australia con numerosas apariciones.

Sorprende entonces encontrar al director de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, afirmando cosas como que “el propósito del derecho de autor no es […] preservar los modelos de negocio establecidos en tecnologías obsoletas o moribundas”, o “debemos recordar siempre que la historia de la confrontación de nuestro clásico universo del copyright con el medio digital ha sido más bien una triste historia de la resistencia ludita, que un ejemplo de compromiso inteligente”, o que “necesitamos hablar menos en términos de piratería y más en términos de amenaza a la viabilidad financiera de la cultura en el siglo XXI”.

Con respecto a las gestoras de derechos, se anima a decir que ya están “out-dated” frente a un mundo que no responde a fronteras jurisdiccionales, y a medios de expresión convergentes “Esto no quiere decir que la gestión colectiva o sociedades de gestión ya no sean necesarias. Pero hace falta volver a reformularlas y evolucionar”. Gurry aborda con naturalidad otro tema dificil, la piratería. Luego de dedicar algunos párrafos al Partido Pirata y citar parte de su plataforma “extrema” de reducir el copyright a sólo 5 años, reconoce que el sentimiento de disgusto hacia la propiedad intelectual es algo generalizado. “La gente no responde cuando son llamados «piratas». En efecto, algunos, como hemos visto, hasta sienten orgullo de serlo”.

Vale la pena tener en cuenta estas citas, en particular para recordarle a los funcionarios de cultura, negociadores de TLC, o legisladores, que antes que repetir los cliches de la propaganda de la industria, tengan en cuenta que hasta el director de la OMPI ha cambiado su discurso, y en cierta medida legitimado algunos conceptos e ideas provenientes de corrientes críticas a la llamada propiedad intelectual. No puede dejar de notarse el contraste entre este discurso y las expresiones vertidas en aquella reunión “de la gente de la industria”, con la ministra Sinde a la cabeza, descripta por el editor Amador Fernández-Savater. Las políticas públicas guiadas por el miedo, sólo conducen al fracaso.

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