El Señor de los Archivos: habla Sauron

El lunes fue el día de los abogados en El Señor de los Archivos, el evento organizado por el Centro Cultural España-Córdoba, la Universidad Nacional de Córdoba y Fundación Vía Libre. Para ser más precisos, de seis oradores, cinco eran abogados. La oradora restante fue Natalia Silberleib, una editora que habló en nombre de la Cámara de Comercio Española.

Probablemente no sea ninguna exageración decir que no se podían esperar ideas originales de semejante equipo, que incluyó a representantes de la Sociedad General de Autores y Editores de España y de la AGEIA DENSI) un prolijo ejercicio de regurgitación de los mismos viejos y ampliamente desacreditados argumentos.

“Muchos músicos no pueden vivir de su trabajo” lamentó Lorena Campos, representante de la SGAE, y uno se pregunta cómo se resuelve eso mediante un organismo que reparte el 75% de su recaudación en menos del 2% de sus socios. Tampoco se privó de demostrar su habilidad en el “doblepensamiento” orwelliano cuando se las arregló para 1) sostener que el Canon Digital, por el que SGAE recauda sumas millonarias, es una compensación por las copias de obras que la gente hace en su intimidad, 2) admitir que exigir una compensación por esas copias no es razonable, 3) reconocer que el canon en realidad es para compensar por las supuestas pérdidas por la copia no autorizada, y 4) encontrar aceptable que SGAE recaude una compensación por las copias no autorizadas al mismo tiempo que las combate judicialmente. Todo aparentemente sin ninguna contradicción interna. O’Brien estaría orgulloso.

El Dr. Federico Vibes, de la Comisión de Propiedad Intelectual de la American Chamber of Commerce, también tuvo lágrimas de cocodrilo que verter por los autores, afirmando que el derecho de autor tiene dos fines, uno inmediato que es ayudar al autor a ganarse la vida, y otro mediato que es aportar a la avance de la cultura. Sólo ante la pregunta de por qué conservar un sistema que falla miserablemente en su objetivo inmediato y conspira activamente contra el mediato, surgió la verdadera motivación de su defensa: hay productoras que quieren optimizar el retorno de su inversión.

Una bocanada de aire fresco fue la presentación de la Dra. Mariana Luoni, del Grupo Claxson, una distribuidora de “contenidos audiovisuales”, quien con radiente sonrisa y total candidez dedicó los 45 minutos de su presentación a detallar la complicada red de contratos, seguros, desligamientos de responsabilidad y otros artificios legales que utilizan para desvincular al máximo a los autores de su obra, de modo que la distribuidora sea la titular de todos los derechos vinculados a ella.

El único aporte constructivo de una jornada en la que los oradores insistían en sostener el sistema actual a rajatabla fue el del Dr. Aguirre, quien la abrió reconociendo que la legislación actual de derechos de autor está completamente desconectada del mundo actual y de la percepción de justicia del público, abogó por reformularla radicalmente, y como medida para la transición propuso el uso de licencias ColorIURIS.

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