OOXML: el precio de un estándar

Este artículo fue publicado en la sección tecnología de INFOBAE Profesional.

El 2 de abril, ISO anunció que ECMA Office Open XML, también conocido como OOXML, obtuvo los votos necesarios para ser aprobado como estándar ISO/IEC 29500. OOXML es el formato de archivos que Microsoft Office 2007 usa por defecto, y este anuncio es el desenlace de un proceso que llevó más de un año, durante el cual Microsoft no escatimó esfuerzos para lograr la bendición de ISO para su formato, mientras una coalición de organizaciones civiles, empresas, organismos públicos e individuos intentábamos explicarle al mundo, y sobre todo a ISO, por qué el formato no merecía ese sello.

Es raro que se den “batallas” de esta envergadura alrededor de algo tan aburrido como un estándar, y mucho más extraño es ver precisamente a Microsoft involucrado en ellas. A lo largo de su historia, la política de estándares de la empresa siempre fue de ignorarlos en todos los casos en los que fuera posible, y de soportarlos deliberadamente mal en aquellos casos en los que fueran imprescindibles. Esta política es la que le permite mantener cautivos a sus usuarios, que ni siquiera consideran la posibilidad de comprar productos de otras empresas por temor a no poder acceder a los datos que ya tienen almacenados en formatos de Microsoft.

Lo que cambió fue que en los últimos años, las administraciones públicas de muchos países comenzaron a preocuparse por la perennidad de sus documentos digitales: cuando un documento (digamos, una partida de nacimiento) tiene una vida útil mayor a un siglo, es demasiado riesgoso almacenarlo en un formato que no sabemos si podremos leer dentro de diez años. La solución a este problema es la estandarización: si los detalles del formato son públicos, y cualquier proveedor puede construir programas que lean y produzcan documentos en él, podemos al menos asegurarnos que el acceso seguirá siendo posible. Así, cada vez más administraciones públicas del mundo (incluyendo recientemente, por ejemplo, la de la provincia de Misiones) exigen que sus documentos sean almacenados en un formato estándar abierto.

La reacción inicial de Microsoft a este cambio fue la habitual: ignorarlo. Al fin y al cabo, ellos eran los “dueños” del formato secreto del que esos mismos organismos públicos dependían para acceder a millones de documentos, y no había en el mercado una alternativa estándar usable. Así las cosas, en vez de proveer lo que sus clientes les pedían, prefirieron hacerse los sordos y esperar a que se les pase el berrinche.

Mientras Microsoft estaba ocupada tapándose los oídos y cantando “la-la-la-no-te-escucho” a voz en cuello, sin embargo, el consorcio OASIS estaba trabajando en proveer precisamente lo que estos grandes clientes querían: ODF (Open Document Format), un formato de archivos de oficina completamente documentado, soportado por múltiples proveedores y programas, y que fue adoptado por ISO como ISO/IEC 26300 en el 2006. Esto cambió las reglas radicalmente: había en el mercado varios proveedores ofreciendo productos que satisfacían una demanda crítica de los clientes, y MS no estaba entre ellos.

¿Qué hizo MS entonces? Lógicamente, se puso a trabajar para implementar urgentemente ISO 26300, para satisfacer las necesidades de sus clientes y competir limpiamente en términos de precio/prestación por los contratos de la administración pública, y se encontró con la agradable sorpresa de que ni siquiera necesitaba escribir mucho código, porque podía incorporar a su programa bibliotecas enteras de software libre que resolvían la mayor parte del problema. Agradecidos por estas facilidades, y viendo las ventajas de la competencia en colaboración en una cancha limpia, Microsoft comenzó a participar en OASIS, para ayudar a que nuevas versiones de ODF fueran cada vez mejores y permitieran una interoperabilidad transparente entre los programas de todos los proveedores.

¡Los agarré! Por supuesto que no fue eso lo que hizo. Eso es lo que haría una Microsoft de un universo paralelo, en el que Patoruzú es usurero, el cigarrillo cura el cáncer y las películas de Hollywood tienen argumentos originales. Para Microsoft, adoptar un estándar que no está bajo su propio control implica someterse a las dos cosas a las que más temen: tener que seguir reglas, y competir en pie de igualdad, sin poder acudir a la ventaja que les otorga su posición monopólica. Lo que es peor, significa enfrentar en pie de igualdad a su adversario más temido: el software libre.

La especificación de OOXMLAsí, la reacción de Microsoft fue apresurarse a buscar algún otro consorcio que estuviera dispuesto a certificarle alcurnia de estándar abierto al formato que estaban usando en Office 2007, y lo encontraron en ECMA. Si por esta ruta lograban que ISO adoptara el formato, ¡finalmente tendrían un producto que ofrecer a las administraciones públicas que requiren estándares abiertos, sin necesidad de soportar ningún estándar abierto en serio, y dándoles la posibilidad de excluir del trato al software libre! El resultado de este esfuerzo fue que, en el transcurso de un año, ECMA aprobó un estándar de 6000 páginas (la foto adjunta da una idea de lo que estoy hablando), llamado ECMA 376, y lo presentó a ISO para su aprobación acelerada, que fue concretada en estos días, en medio de tal controversia que ISO decidió evitar en su anuncio el tono festivo que habitualmente usa cuando comunica la adopción de un formato.

Así, la noticia de que Microsoft logró torcer el brazo de ISO para que adoptara como estándar un formato duplicativo e inmaduro que mantiene intactos sus privilegios en el mercado no merecería la cobertura de prensa que obtuvo: rara vez vemos un titular que pregona “El Sol salió esta mañana, igual que ayer”. Lo que sí es una noticia es, sin embargo, el costo que tuvo que pagar Microsoft para lograrlo.

No estoy hablando de dinero, aunque haya salido a la luz que un empleado de Microsoft ofreció compensar a varias empresas suecas si apoyaban a OOXML en el organismo de estandarización de ese país, y resulte al menos sospechoso que los organismos de estandarización de diez países que hasta este momento jamás se habían interesado por el tema estandarización de documentos, de repente encontraran por ahí el dinero necesario para pasar a una categoría de socio más privilegiada dentro de ISO justo antes de la votación, votar en bloque a favor, y luego dejar de participar. Dinero es lo que Microsoft tiene, y no importa cuánto tenga que gastar, no le duele.

El costo que sí les duele es el que debieron pagar en una moneda que les viene escaseando: reputación. Su formato fue adoptado, pero en medio de escándalos en los que empleados de la empresa fueron sorprendidos ofreciendo sobornos a cambio de apoyo, o presentándose con tarjetas de negocios de organismos a los que no pertenecían, o mintiendo a los organismos nacionales de estandarización acerca de las reglas de ISO. La adopción fue realizada a través de un proceso que fue criticado como inadecuado incluso por aquellos países que no se opusieron al estándar, y plagado de curiosidades como que los comités de estandarización de países como Noruega y Gran Bretaña estén protestando formalmente frente a ISO contra sus propias organizaciones madres por ignorar su recomendación de rechazar el estándar y votar por su aprobación de todos modos, mientras que la Comisión Europea investiga las acciones de Microsoft ante ISO, incluyendo las irregularidades reportadas en Polonia, como parte del proceso antimonopolio de la empresa. En todas partes del mundo hay denuncias de presiones indebidas a favor del formato, y en nuestras costas no se apaga el rumor de que fue el apoyo a ODF lo que les costó sus puestos en la ONTI a Carlos Achiary y José Carllinni.

La sanción de OOXML como estándar ISO, en fin, no hace más que reforzar la imagen de Microsoft como el gigante patotero que no puede competir en un mercado equitativo, cree que las reglas sólo están para aplicarlas a los demás, y está dispuesto a cualquier cosa con tal de mantener sus privilegios. Además, plantea una pregunta: ¿cómo será la calidad de OOXML, si para lograr su aprobación MS debió recurrir a los recursos más bajos que se conocen en la historia de la estandarización?

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1 comentario

  1. […] dicho al hecho Saltar a Comentarios Hace un tiempo que los muchachos de Microsoft aparentan estar dispuestos a modificar algunas de lasprácticas que les permitieron construir su monopolio en la industria del software. Algunos somos escépticos, es difícil imaginar el infierno congelado: ¿en Redmond finalmente decidían amoldarse al respeto de los estándares y la contribución del software libre? Después de imponer su formato OOXML como estándar ISO, estaba por verse si modificarían su rumbo para cumplir sus promesas. […]

Responder a Del dicho al hecho « la vanguardia de los términos

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