OOXML: cambiarlo todo para que nada cambie

Microsoft y ECMA no se cansan de repetir que el objetivo de ECMA 376 (Office Open XML, OOXML) es representar fielmente los millones de documentos que hoy están almacenados en formatos inaccesibles, como .DOC, .XLS y .PPT. Es interesante ver a Microsoft finalmente admitiendo que sus formatos tradicionales no son apropiados para almacenamiento de información que deba sobrevivir el mediano plazo, o a los que sea necesario acceder desde otros programas.

Dada esta admisión, y el objetivo de permitir acceso a inversiones millonarias en documentos que están hoy en formatos “heredados” (una manera elegante de decir “obsoletos”), lo lógico hubiera sido que Microsoft participara en el esfuerzo de estandarización abierto que la Organization for the Advancement of Structured Information Standards (OASIS) emprendió en 2002 para construir lo que hoy es ISO/IEC 26300 (Open Document Format, ODF). De esa manera, hubieran podido criticar las propuestas allí hechas y proponer mecanismos para que sus documentos heredados pudieran ser codificados en el estándar.

Lamentablemente, lo que hizo fue muy distinto: calló durante todo el proceso de definición de ODF, pese a estar invitada a participar, y recién cuatro años después presentó un formato definido enteramente dentro de la misma empresa, sin participación de terceros. Este formato, que hoy se presenta como candidato a estándar ISO, representa según Microsoft la llave para que los usuarios preserven millones de documentos para el futuro. Eso sí: el negocio de la preservación, de la lectura de los datos preservados y de la confección de programas que los procesen queda vedado, mediante múltiples mecanismos, a todos sus potenciales competidores.

El proceso de traducción está bajo control de Microsoft

Los documentos heredados no están directamente disponibles para todos, como las comunicaciones de ECMA y Microsoft parecen sostener. Antes de acceder a un documento que originalmente estaba en formato .DOC, por ejemplo, es necesario primero guardarlo en formato .DOCX. Dado que sólo Microsoft conoce el formato .DOC en profundidad, es claro que sólo sus programas estarán en condiciones de hacer esta traducción.

En otras palabras, la preservación de los datos en el futuro tiene un precio: sólo aquellos usuarios que estén dispuestos a adquirir licencias de Microsoft Office 2007 Professional podrán convertir sus viejos documentos al nuevo formato. Los demás, deberán conformarse con los formatos que Microsoft mismo reconoce como inadecuados.

La calidad de la traducción está bajo control de Microsoft

Pero no sólo el mercado de la traducción a ECMA 376 está firmemente en manos de Microsoft: también lo está el control sobre su calidad. Dado que ellos son quienes realizan la traducción, pueden escribir sus programas de tal modo que la traducción sea ligeramente errónea, y compensar los errores cuando los leen. Como sus programas leen bien los archivos que ellos mismos escriben, y nadie puede auditar el mecanismo de traducción ni el de lectura, se vuelve muy difícil demostrar que la traducción es errónea, y así se garantizan que todo sigue igual: la única manera de leer fielmente los documentos producidos por MS Office es usando MS Office.

Peor aún, como la lectura está implementada de manera tal de ser fiel a la traducción, pero no al estándar como está escrito, se aseguran también de que sea sumamente difícil escribir programas que produzcan OOXML que luego sea leído correctamente por MS Office. Esto llega tan lejos que podemos afirmar que no existen documentos acordes a ECMA 376, ya que ni siquiera Microsoft los escribe o lee correctamente.

Una implementación externa a Microsoft será necesariamente cara e incompleta

Esto se debe no sólo a que ECMA 376 contiene numerosos errores, características mal documentadas y comportamientos anómalos, sino también al hecho de que ignora estándares preexistentes. Esto tiene un enorme impacto en los costos de implementación de un programa que soporte el formato.

Por ejemplo, ISO 26300 utiliza el estándar Scalable Vector Graphics (SVG) del World Wide Web Consortium (W3C) para representar dibujos vectoriales, MathML para representar fórmulas matemáticas, etc. Esto garantiza que las representaciones son bien comprendidas, que los formatos son mantenidos al día, y que hay bibliotecas a las que un implementador puede recurrir, ahorrándose la inversión de tener que escribirlas desde cero. De hecho, hay bibliotecas disponibles para procesar ISO 26300 que resuelven toda la codificación/decodificación, y que pueden ser usados por cualquiera para sus propios programas.

Por el contrario, OOXML recurre a formatos no estándar para las mismas tareas, llegando al extremo de usar varios de ellos, incompatibles entre sí, para un único propósito. En lugar de SVG, por ejemplo, usan tres formatos distintos: Windows Metafile, DrawingML y VML (este último fue propuesto por Microsoft a W3C en 1998, fue rechazado, y sin embargo aparece en ECMA 376). Lo mismo pasa con formulas matemáticas, fechas, mecanismos de cifrado, códigos de país, unidades de medida y otros: para todo hay que escribir una biblioteca nueva, cuando podríamos re-usar las que ya tenemos.

¿Rescatar los datos para quién?

Dadas estas condiciones, resulta evidente que ECMA 376 no cumple con su promesa de liberar a los datos de los usuarios de su actual prisión en formatos obsoletos. Tan sólo es una prisión ligeramente más grande, un poco más holgada, pero igual de hermética, y en la que sólo pueden entrar los productos de Microsoft.

Esto no es ninguna sorpresa: se trata de una estrategia deliberada, fomentada dentro de Microsoft por su propio fundador, como puede leerse en un e-mail de Bill Gates que vio la luz durante un juicio por abuso de poder monopólico en el estado de Iowa:

Algo que debemos cambiar es nuestra estrategia — permitir que los documentos de Office se vean bien en los navegadores de otras personas es una de las cosas más destructivas que podemos hacerle a la compañía.

Debemos dejar de poner esfuerzo en esto, y asegurarnos de que los documentos de Office dependan fuertemente de caractarísticas privativas de Internet Explorer.

Cualquier otra cosa es suicidio para nuestra plataforma. Este es un caso en el que Office debe evitar hacer algo que destruiría a Windows.

En otras palabras, Microsoft quiere rescatar los datos de los usuarios, pero no para ellos, sino para sí misma.

El camino es el de los estándares abiertos

Con algo de suerte, viento a favor y bastante ayuda de su madrina multimillonaria, es posible que ECMA 376 se convierta en un estándar ISO. ¿Basta con eso para que podamos confiarle nuestros datos y quedarnos tranquilos de que ahora son accesibles y perennes? Evidentemente, no. No basta con que un formato sea estándar, es necesario que sea un estándar abierto: con múltiples implementaciones (en el caso de ECMA 376, sería un gran avance el que hubieral al menos una), sin restricciones y con documentación completa.

ISO 26300 cumple con todas estas condiciones, y ofrece un camino de salida a la dependencia de proveedores únicos. ECMA 376, en cambio, merece ser ignorado para todo fin que no sea ilustrar la definición de “gatopardismo”: cambiarlo todo para que nada cambie.

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