Publicado en Crítica de la Argentina en su edición del 25 de junio de 2008 bajo el título "En defensa de pata de palo".
Por Patricio Lorente*
De una simple regulación industrial…
Quizás el primer conflicto documentado entre la industria cultural y un grupo heterogéneo que hoy en honor a la brevedad (pero no a la exactitud) sería estigmatizado con el nombre de "piratas", haya tenido lugar en Gran Bretaña a fines del siglo XVII. La imprenta de tipos móviles, popularizada y perfeccionada luego de algunos siglos, permitía la producción seriada de libros; el avance de la alfabetización junto al desarrollo de determinados sectores sociales (una burguesía floreciente, una burocracia gubernamental en expansión) dio paso a un mercado ávido de estos bienes sofisticados.
En aquel entonces los editores londinenses reclamaban derechos exclusivos de publicación a perpetuidad cuando adquirían un original. Pero lejos de Londres otros imprenteros ignoraban este novedoso reclamo y ponían a la venta los mismos libros a un precio que no incluía el impuesto monopólico que se cobraba en la metrópolis.
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En el año 2005, Federico Heinz y Beatriz Busaniche de Fundación Vía Libre participaron de las sesiones de trabajo del grupo de investigación Copysouth en la Universidad de Kent, Inglaterra, fruto del cual surgió poco tiempo después, el dossier que bajo ese mismo nombre intentó explorar y narrar los impactos de las leyes de derecho de autor en los países del sur. Este lunes 28 de abril, y gracias al aporte del Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual de Venezuela, será lanzado formalmente el dossier Copia Sur en su versión en español.
Aquí reproducimos el comunicado de prensa emitido por Alan Story, Profesor de Derecho de la Universidad de Kent, y coordinador general del Grupo de Investigación Copy South. (Leer más …)
 Como todos los años desde el 2000, la OMPI nos invita a festejar, este 26 de abril, el Día Mundial de la Propiedad Intelectual. En este día, organizaciones afines a la OMPI están invitadas a organizar eventos y acciones mediáticas que contribuyan a los objetivos de la celebración:
- dar a conocer la incidencia de las patentes, el derecho de autor, las marcas y los diseños en nuestra vida cotidiana;
- ayudar a entender por qué la protección de los derechos de P.I. permite impulsar la creatividad y la innovación;
- celebrar el espíritu creativo y la contribución de los creadores y los innovadores al desarrollo de todas las sociedades;
- instar al respeto de los derechos de P.I. ajenos.
A estos fines, el director de la OMPI, Kamil Idris, ofrece un mensaje destinado a ilustrar estos objetivos. Lamentablemente, ni el Sr. Idris ni la organización que dirige se caracterizan por su mesura: de la misma manera que OMPI insiste en reclamar monopolios cada vez más extensos en duración y alcances para las patentes, los derechos de autor y otros regímenes, el mensaje de este año exagera al punto de atribuirle a éstos la responsabilidad indiscutida por el bienestar de la humanidad. Quizás lo más involuntariamente gracioso del texto es que contradice los mismos objetivos enunciados para el evento. (Leer más …)
Las universidades nacionales argentinas están buscando, hace algún tiempo, maneras de convertir los resultados de su investigación en una fuente de recursos. En principio, no hay nada particularmente objetable en esta búsqueda, siempre y cuando no nos haga perder de vista los objetivos de la universidad como usina de construcción y difusión de conocimiento para toda la sociedad.
Lamentablemente, en las discusiones alrededor de este tema siempre termina colándose el lenguaje de la doctrina de OMPI, ese que dice que si un derecho de autor limitado es bueno, uno ilimitado debe ser ilimitadamente mejor. (Leer más …)
Este artículo fue publicado en el Diario Página 12 , en su edición impresa del domingo 10 de febrero de 2008.
La polémica por el canon a los aparatos digitales que se quiere implementar en la Argentina
El canon aplicado a la fabricación y venta de “productos que permiten almacenar, grabar y reproducir música e imagen” para compensar las pérdidas ocasionadas por la piratería ya se aplica en veinte países.
Por Facundo García
¿Robarías un auto? ¿Robarías una cartera? ¿Castigarías el bolsillo de todos los consumidores de un país para financiar la obsolescencia de tu negocio? Entre esas tres preguntas, la que huele peor es la última, lo que no ha impedido que algunos ya estén trabajando para aplicar en la Argentina el famoso “canon digital”. El asunto es más o menos así: Fulano Mengánez va a comprar un CD, DVD, o cualquier tecnocachivache con MP3. El vendedor le dice que tuvo que subir el precio.
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 Por Facundo Garcia
Artículo publicado en el diario Página 12 en su edición del domingo 28 de octubre de 2007.
Este mes, la asamblea general de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual que depende de la ONU disparó discusiones sobre los alcances del copyright y el papel de los grupos con mayor poder de presión sobre la legislación. Un debate acorde a estos tiempos de cambio vertiginoso.
Jamie Thomas tiene treinta años y dos hijos. Fue acusada de ofrecer ilegalmente música a través de Internet para que otros usuarios la descargaran de forma gratuita, y ahora los gigantes de la industria discográfica la convirtieron en la primera ciudadana de Estados Unidos que comparece ante un tribunal por difundir canciones de esa manera. Las corporaciones aseguran que pueden obligarla a pagar hasta 1,2 millón de dólares por el puñado de canciones que compartía, aunque Jamie decidió no dejarse amedrentar y confía en que probará su inocencia. Como más de veinte mil norteamericanos y decenas de argentinos, Thomas está siendo amenazada legalmente por intercambiar libros, películas, software y música por la web, una práctica tan generalizada que muchos se preguntan si alguien tiene derecho a tirar la primera piedra.
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Aprovechando su visita a Uruguay para participar en JIAP 2007, el día 24 de agosto de este año, Enrique Chaparro ofreció una charla Titulada "El gato de Schroedinger y el futuro del software libre.\ (235MB en formato .ogg)" para la comunidad de UyLug en la ciudad de Montevideo. Agradecemos a Fernando Da Rosa por el registro y documentación de esta charla.
Enrique Chaparro relata, en su introducción al libro Monopolios Artificiales sobre Bienes Intangibles (publicado por Fundación Vía Libre con el apoyo de la Fundación Heinrich Böll) un aspecto muy curioso de la historia del derecho de autor:
[…] la primera ley de copyright de los EEUU asignaba derechos exclusivos al autor por 14 años. Los legisladores de aquel entonces consideraban que 14 años era un tiempo más que razonable para que el autor tuviera una remuneración justa por la obra que había creado. Progresivamente se fueron extendiendo a 25, 30, 50, 70 o 90 años. Es decir que a medida que la economía se fue acelerando, y uno podía esperar que los retornos de beneficios para el autor fuesen más rápidos, los monopolios de exclusividad se hicieron más largos, cosa muy curiosa. Yo supongo que la Sra. Rowling está más que bien remunerada por las ventas de Harry Postre y el Flan con Crema en los 2 primeros años de la edición. Sin embargo, sus derechos la van a sobrevivir durante 70, 80 o 90 años. Cosa muy curiosa: se supone que en economías más eficientes y retornos más veloces, los plazos de monopolios deberían ser menores, pero ciertamente ha sucedido todo lo contrario.
Siguiendo esta tendencia, la industria discográfica del Reino Unido había iniciado una masiva campaña de Lobby que incluyó detalles bizarros como la publicación de una solicitada firmada por varios músicos fallecidos. El objetivo de la campaña era extender (¡retroactivamente!) el copyright sobre grabaciones musicales más allá de los actuales 50 años.
Por primera vez en muchos años, sin embargo, el sentido común parece haber prevalecido en el debate sobre copyright: el gobierno del Reino Unido decidió ayer que la duración actual del copyright es suficiente. Esto ha provocado, por supuesto, la indignación de varios millonarios de la música que se enfrentan a la perspectiva de no seguir ganando dinero por un trabajo que hicieron hace cincuenta años.
¿Faltará mucho para que comencemos a discutir acerca de reducciones en la duración y alcances del derecho de autor?
 Pasada la segunda vuelta para definir al futuro Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y en medio de un año electoral en el que la mayoría de los distritos del país elegirán autoridades incluyendo la renovación presidencial, se ha hecho recurrente escuchar en medios de comunicación masivos una prédica en favor de la implementación de sistemas de voto electrónico en las distintas circunscripciones electorales. Así, a pocas horas de conocido el resultado de la primera vuelta en Capital, partidarios de este sistema salieron a los medios a decir que "es irrisorio esperar tres horas por los resultados de una elección y que es urgente la implementación de voto electrónico". Lo mismo ocurrió durante la jornada electoral de la segunda vuelta.
La pregunta que nos debemos hacer frente a estos actos de propaganda es ¿El voto electrónico mejora la democracia?
En este escenario, Vía Libre recuerda que es unánime el rechazo de los expertos en seguridad informática a los sistemas de votación mediados por computadora, y que son conocidas las experiencias en las que estos sistemas se han mostrado no sólo fallidos, sino altamente permeables al fraude electoral.
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 Por Enrique Chaparro
Texto publicado en el libro "Sociedad de la Información en la Argentina - Políticas públicas y participación social" - Compilado por Guillermo Mastrini y Bernadette Califano. Ediciones Friedrich Ebert Stiftung.
Buenas tardes. Para comenzar quisiera señalar que me considero una persona tecno-agnóstica. Tal vez porque toda mi vida adulta he dependido para vivir de la tecnología. Si algo me ha enseñado esto, en contacto con la sociedad en general, es que corremos un riesgo de ilusión, el riesgo de pensar que la tecnología soluciona problemas distintos de los problemas tecnológicos. Los problemas políticos no tienen soluciones tecnológicas, tienen soluciones políticas. Los problemas sociales no tienen soluciones tecnológicas, tienen soluciones sociales. La tecnología es, en todo caso, instrumental, o es una solución a sus propios problemas.
Sin embargo, en la última década hemos empezado a oír palabras que se han puesto de moda. Existe una tendencia que lleva a anteponer “e” a las cosas: hablamos de e-voto, e-gobierno, e-administración, con la extraña capacidad mágica de sustituir el valor de algo por un supuesto nuevo valor. Esto es peligroso porque conlleva la carga de que estamos hablando de lo mismo, pero no es exactamente lo mismo. Porque si le colocamos una e a las cosas, les damos un matiz nuevo. Sin embargo, el hecho de ponerle o quitarle el “electrónico” o el “digital” a algo, no varía su esencia. Los resguardos y los mecanismos que hemos construido social y políticamente alrededor del gobierno, alrededor de la administración, alrededor del voto durante cientos de años, deben seguir presentes allí. No podemos reemplazar con un hecho mágico los conceptos bien arraigados en las sociedades democráticas por banalidades tales como “consenso” o “stakeholder” (palabra muy de moda que podría traducirse como lo que sostiene la estaca). (Leer más …)
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