Todo el mundo está justificadamente escandalizado por la Gran Muralla de Fuego de China, un sofisticado sistema centralizado de monitoreo de Internet que es usado por el gobierno de ese país para controlar qué pueden escribir y qué pueden leer su ciudadanos. Todos estamos de acuerdo en que se trata de una intromisión inaceptable en la vida de las personas, digna de un estado policíaco totalitario.
Pero bueno, al fin y al cabo se trata de China, no podemos esperar otra cosa del país que nos trajo la Revolución Cultural y la Masacre de Tian’anmen. En cambio en Occidente, hogar de venerables democracias, esas cosas ya no pasan: Paulino Tato es historia antigua, y cualquier gobierno que pretendiera censurar Internet se vería en problemas en muy poco tiempo.
Lamentablemente, Aristóteles parece haber tenido razón cuando sentenciaba que la Naturaleza aborrece el vacío: retirado (en gran medida) el Estado del rol de censor, no han demorado en aparecer nuevos guardianes, ávidos de ejercer poder sobre los demás para controlar lo que hacen y dicen en la red: los proveedores de software y computadoras. (más…)
Tras una destacable acción ciudadana realizada las últimas semanas, el parlamento europeo votó en contra de la posibilidad de cortar internet sin vía judicial previa a quienes fueran usuarios de redes de descargas de archivo. El debate sobre el Paquete de Telecomunicaciones terminó con un fuerte apoyo y la re-adopción de la enmienda 138/46 que reconoce el acceso a Internet como un derecho fundamental.
La enmienda, aprobada por 407 votos a favor, 57 en contra y 171 abstenciones, dice que ningún ciudadano europeo podrá verse privado del acceso a internet si no media una orden judicial en ese sentido. Esta enmienda contradice directamente los planes de los promotores de leyes al estilo Sarkozy de fijar la desconexión a internet a través de un sistema meramente administrativo tras tres advertencias. Los socialistas votaron en bloque por esta enmienda, al igual que los Verdes / Alianza libre Europea, cuyos miembros fueron los responsables de la inclusión de esta enmienda que defiende los derechos civiles de los internautas europeos.
Cuando la Internet Watch Foundation (IWF) recientemente incluyó una página de Wikipedia en su lista negra, con el resultado de que gran parte de ella quedó inaccesible a los ciudadanos británicos, quedó una pregunta en el aire: ¿Qué hace una organización privada decidiendo qué se puede y qué no se puede ver?.
La revista Computer Shopper decidió averiguar al respecto, haciendo una entrevista al Home Office (algo así como el Ministerio del Interior), el organismo que está presionando a todos los proveedores de internet del Reino Unido para que usen la lista negra de IWF para filtrar el acceso a la red de sus usuarios. El resultado: el Home Office no tiene la más mínima idea de cómo funciona la organización que ellos mismos proponen como censores privados. Para verificarlo, basta con leer la transcripción de la entrevista, que traduzco aquí. Es de destacar que Computer Shopper envió las preguntas con 24 horas de anticipación, de modo que tuvieran tiempo de prepararse: (más…)
Por Federico Heinz
Internet ha hecho realidad un sinnúmero de ideas que, en mi adolescencia, leí como artefactos de remota ciencia ficción. Usando mi computadora y una conexión relativamente barata, hoy puedo acceder a vastas bibliotecas de ciencia, literatura, arte, música, cine, sin salir de mi casa. Puedo hacer llamadas telefónicas con vídeo, como en “2001”. Puedo estar en contacto y cooperar diariamente con personas que están desparramadas por el planeta. Puedo publicar un texto minutos después de escribirlo, y comunicar mis ideas y experiencias con cualquiera que quiera leerlas, sin necesidad de pasar por el filtro de editoriales, ni requerir la ayuda de autoridades de mi país para mediar mi interacción con gente de otras partes del mundo.
Esto asusta a mucha gente. Pocas cosas hay más peligrosas que dejar que la gente hable entre sí. Los que están acostumbrados a ejercer poder intermediando nuestras comunicaciones están aterrados, y un reciente episodio que involucra a Wikipedia ilustra algunas de las cosas que están haciendo para mantenernos bajo control.
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ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers) está preparando una drástica expansión del número de dominios de Internet genéricos (sufijos tales como “.com” “.org”, “.net”, etc.) que se aprueban cada año. Por esta razón, las políticas para la aprobación de sufijos están cobrando mucha más trascendencia de la que históricamente tuvieron.
Muchos involucrados en estas discusiones alrededor de ICANN promueven la posibilidad de que ese organismo apruebe o no estos dominios en función de principios morales, políticos y/o comerciales, aspectos que trascienden por mucho el criterio técnico al que debería ajustarse la incumbencia de ICANN. Esto constituye una posibilidad de censura previa en Internet, porque permitiría, por ejemplo, que grupos religiosos se opusieran a sufijos que consideren ofensivos (”aborto”, “xxx”, “evolucion”), o que regímenes totalitarios se opongan a sufijos políticamente incómodos (”libertad”, “presospoliticos”, etc.). (más…)
Por Enrique A. Chaparro
Un documento de posición sobre el `gobierno’ de la Internet
Sección I La ICANN y el `gobierno’ de Internet
La Internet no es más que “un sistema abierto que lleva paquetes IP desde una dirección IP de origen a una dirección IP de destino” (ver también [1]). Y, sin embargo, es también un sistema social, político y económico que erosiona las soberanías nacionales. Pero los poderes que ellas detentaban no desaparecen, no `se disuelven en el aire’ mágicamente. Están fluyendo hacia manos privadas: las corporaciones, las alianzas intercoporativas, organizaciones cuasi-no-gubernamentales (a veces disfrazadas de multilaterales como WTO, WIPO o WEF). Los órganos de gobierno de Internet son parte de los fenómenos generados por este flujo.
No soy un fanático de la ICANN. Mas bien, todo lo contrario. Creo que si alguna vez ha de servir al interes público (y no a intereses corporativos), será necesario previamente deshacerla y reconstruirla como un sistema coordinado (pero no fuertemente acoplado) de organizaciones internacionales, multilaterales, democráticas y no-burocráticas [2].
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